Había una vez, en el corazón del océano infinito, una pequeña ola llamada Lina. Ella no era más que un leve ondulación en la superficie del agua, una tímida ondulación entre miles de otras, mecida por el aliento del viento y el murmullo de las profundidades. Las grandes olas, majestuosas y poderosas, pasaban a su lado sin siquiera notarla, arrastradas en su carrera hacia costas lejanas. Pero Lina soñaba en secreto. Soñaba con crecer, con bailar con la luna, con acariciar las rocas y con susurrar historias a las conchas que la marea dejaba en la arena.
Una tarde, mientras el cielo ardía en tonos púrpura y dorado, una vieja tortuga marina se acercó a ella. Sus ojos, desgastados por siglos, brillaban con una sabiduría que solo el océano conoce. — « ¿Por qué quieres ser grande, pequeña Lina? » preguntó con una voz lenta, como una marea que retrocede. — « Para ser vista, para ser escuchada, para existir más allá de este temblor fugaz, » respondió Lina, sus crestas temblando de emoción. La tortuga sonrió —o al menos, Lina creyó ver una sonrisa en el parpadeo de sus párpados arrugados—. — « La grandeza no se mide por la altura, sino por la huella que dejas. Una ola, por pequeña que sea, puede cambiar el mundo. Solo tienes que esperar tu momento. »
Pasaron los días. Lina practicó, día tras día, reuniendo fuerzas. Aprendió a escuchar la canción de las corrientes, a sentir el calor del sol en su espalda, a entender la paciencia de las mareas. Observó las tormentas desde lejos, fascinada por su furia, pero también por cómo esculpían las costas, redibujaban las playas y sembraban vida a su paso.
Luego llegó la noche en que todo cambió. Una tormenta se alzó en el horizonte, monstruosa y hermosa, rasgando el silencio con sus relámpagos. Las olas a su alrededor se agitaron en pánico, pero Lina se dejó llevar. Recordó las palabras de la tortuga. No tenía miedo. Esperó. Y cuando el viento la levantó, cuando la luna iluminó su camino, Lina se alzó. Creció más alta, más fuerte, más audaz que nunca. Ya no era solo una ola: se había convertido en una rompiente, una fuerza salvaje y libre, llevando consigo sueños de espuma y sal.
Cuando finalmente llegó a la orilla, no fue para romperse y desaparecer. No. Depositó semillas traídas de lejos, conchas iridiscentes y un mensaje escrito en la arena: « Incluso las cosas más pequeñas pueden volverse inmensas. »
A la mañana siguiente, los niños que jugaban en la playa encontraron estos tesoros y se maravillaron. Nadie supo nunca que era Lina, la antigua pequeña ola, quien se los había dado. Pero el océano lo recordó. Y cada vez que una ola tímida se atrevía a soñar, le susurraba al oído: « Espera tu momento. »
top of page
PrecioDesde 68,75 €
-
Todos los impuestos incluidos.
-
Costos de envío incluidos, los tiempos de entrega varían según el destino y el tamaño de la obra de arte.
-
No nos hacemos responsables de los aranceles o impuestos de importación que puedan aplicarse a los envíos internacionales.
-
Arty Gallery donará el 5 % de sus beneficios a diversas asociaciones que trabajan en la preservación de nuestro patrimonio cultural.
bottom of page

