Square One
En una pequeña galería olvidada, en el corazón de una ciudad donde el tiempo parecía haberse dormido, colgaba un misterioso cuadro: « Square One ». Nadie sabía quién lo había pintado, ni cuándo había aparecido. Algunos decían que siempre había estado allí, colgado entre dos paredes desmoronadas, como una ventana abierta a otro mundo.
El cuadro representaba un cuadrado perfecto, tan profundo en negro que parecía absorber la luz a su alrededor. Sin embargo, si uno se acercaba lo suficiente, podía distinguir reflejos cambiantes, destellos de color danzando en la superficie, como recuerdos enterrados. Los visitantes intrigados se detenían frente a él, perdidos en sus propios pensamientos.
Un día, una artista solitaria llamada Clara se detuvo frente a « Square One ». Al principio, solo vio una simple forma geométrica, pero cuanto más tiempo la observaba, más detalles inesperados descubría: líneas finas, casi invisibles, trazando caminos infinitos. Creía reconocer paisajes, rostros, historias enteras. Cada mirada revelaba una nueva capa, como si el cuadro se adaptara a su observador.
Un anciano, el cuidador de la galería durante décadas, le susurró un secreto: « No es un cuadro, es un espejo. No muestra lo que es, sino lo que podría ser. » Fascinada, Clara regresó cada día, buscando desentrañar su misterio. Una mañana, se atrevió a colocar su mano sobre el lienzo. En ese momento, el cuadrado se iluminó, y sintió que era arrastrada a un remolino de colores y posibilidades.
Cuando volvió a abrir los ojos, se encontró frente a un vasto lienzo en blanco, con una única instrucción tallada en una esquina: « Empieza de nuevo. »





























































