En las entrañas de la ciudad, donde las luces de neón parpadean como estrellas moribundas, una figura se alza en el escenario del Black Star. Las paredes rezuman la historia de mil conciertos, mil gritos ahogados bajo los amplificadores. Esta noche, ella está ahí, de pie frente al micrófono, sus botas con tachuelas aplastando las tablas del suelo que han visto pasar generaciones de soñadores y condenados.
Su nombre es Nox. Sin apellido, sin pasado, solo una voz que rasga el silencio como una hoja oxidada. Los focos, amarillos y azulados, proyectan sombras bajo sus ojos delineados con kohl, sus labios pintados de un rojo tan vivo como la sangre de los poetas malditos. La multitud rugió antes de que cayera la primera nota. Ellos saben. Saben que les va a dar más que una canción: una insurrección.
El bajo entra, profundo y amenazante, como un corazón latiendo bajo los adoquines. Luego, los tambores explotan, trueno en un cielo de asfalto. Nox abre la boca, y es motín. Sus palabras no se cantan; se escupen, arrancadas de su pecho como confesiones bajo tortura. « Soy la cicatriz de tus mentiras, la risa que chirría en tus salones de mármol ». La multitud responde, un solo cuerpo, un solo aliento. Los puños se alzan, las voces se quiebran, y por unos minutos, el mundo no pertenece a nadie… excepto a ellos.
Afuera, la ciudad escucha, indiferente o cómplice. Los policías, reunidos en la esquina, aprietan sus porras. Saben el rumor: Nox no canta, enciende incendios. Sus letras son cócteles Molotov lanzados contra el aburrimiento, la resignación, el orden establecido. « ¿Quieren vernos de rodillas? Miren más de cerca: estamos bailando sobre vuestras tumbas ».
Nadie sabe de dónde viene. Algunos susurran que nació en una fábrica abandonada, criada por okupas y anarquistas. Otros afirman que es un fantasma, el espíritu de un obrero muerto en huelga, regresado para atormentar las noches de los poderosos. No importa. Lo que importa es aquí. Ahora. El sudor corriendo, los cuerpos apretados, los corazones latiendo al unísono.
Cuando el último acorde se desvanece, Nox permanece inmóvil, con los ojos cerrados, como si aún escuchara una melodía que nadie más puede oír. Luego sonríe, una sonrisa triste y hermosa, de esas que pertenecen a quienes saben que la revolución no llegará… pero siguen luchando de todos modos.
Se va del escenario sin decir una palabra, tragada por la noche. Mañana estará en otro lugar, en otro bar, otra ciudad, otra vida. Pero esta noche, para quienes estuvieron allí, algo ha cambiado. Ya no son sombras. Son el fuego.
Y el fuego nunca muere del todo.
top of page
PrecioDesde 68,75 €
-
Todos los impuestos incluidos.
-
Costos de envío incluidos, los tiempos de entrega varían según el destino y el tamaño de la obra de arte.
-
No nos hacemos responsables de los aranceles o impuestos de importación que puedan aplicarse a los envíos internacionales.
-
Arty Gallery donará el 5 % de sus beneficios a diversas asociaciones que trabajan en la preservación de nuestro patrimonio cultural.
bottom of page

