En las estrechas calles de Montpellier, donde las sombras de los plátanos dibujaban arabescos en las paredes ocre, vivía Élodie. Cada tarde, cuando la ciudad se dormía bajo un cielo lavanda, ella bailaba. No por gloria, no por dinero, sino porque el sonido lejano de los violines, mezclado con el susurro del viento, le inspiraba pasos que no podía contener. Sus pies descalzos, endurecidos por el asfalto, se deslizaban sobre los adoquines como si buscaran una melodía perdida. Los transeúntes apresurados apenas la notaban, pero a veces, una mirada se detenía. Una sonrisa fugaz, una moneda lanzada al aire, y Élodie sonreía a su vez, como si el mundo entero le perteneciera por un instante.
Una tarde de verano, cuando el aire estaba cargado de calor y promesas, un hombre se detuvo. Llevaba un traje arrugado y una bufanda de seda que ondeaba tras él como un rastro de estrellas. La observó durante mucho tiempo, inmóvil, como quien contempla un cuadro vivo. Luego, con voz ronca, le dijo: « Bailas como si quisieras volar. » Élodie se rio, pensando que era una broma, pero el hombre le entregó una tarjeta. « Mañana, al mediodía. Blue Studio. »
Al día siguiente, llegó vestida con su vestido más limpio, su cabello cuidadosamente trenzado. El estudio era un antiguo almacén con paredes desmoronadas, pero en el centro, un escenario de madera brillaba bajo el foco. « Baila, » dijo el hombre, que se presentó como Antoine, un coreógrafo. Ella bailó. No para seducir, no para impresionar, sino porque la música, esta vez, venía de dentro. Un año después, Élodie subió los escalones del Palais Garnier, su nombre inscrito en letras doradas en el cartel. « La Estrella de Montpellier, » titularon los periódicos.
Aquella tarde, bajo las lámparas de cristal centelleantes, mientras el público contenía la respiración, cerró los ojos. Ya no era la chica invisible de las calles. Ella era la danza, ella era la luz. Y cuando los aplausos estallaron como una tormenta, sonrió, pues sabía que los sueños a veces echan raíces donde menos lo esperamos: bajo los adoquines, en las grietas del mundo.
top of page
PrecioDesde 68,75 €
-
Todos los impuestos incluidos.
-
Costos de envío incluidos, los tiempos de entrega varían según el destino y el tamaño de la obra de arte.
-
No nos hacemos responsables de los aranceles o impuestos de importación que puedan aplicarse a los envíos internacionales.
-
Arty Gallery donará el 5 % de sus beneficios a diversas asociaciones que trabajan en la preservación de nuestro patrimonio cultural.
bottom of page

